
Me doy cuenta de que el interés general por el conocimiento de la Historia de la Ciencia es más bien escaso. Si ya hoy tenemos generaciones de niños que no se preocupan en absoluto más que por los números, las realidades que les rodean y nada de sus orígenes y de todo aquello que ha dado lugar a lo que hacen como rutina diaria.
¿Por qué funciona el autobús que les lleva al cole?
¿Por qué se ponen enfermos? ¿Por qué les curan sus padres de determinada manera?
¿Por qué se organizan las ciudades de esta manera?
¿Por qué se hicieron esos edificios tan altos y esbeltos hace tantos siglos?
¿Por qué hoy se hacen esos edificios de otra manera?
¿Por qué antes había tantos muertos por infecciones y hoy no?
Todas estas respuestas están en la historia de las artes y las ciencias, que no se cultivan, que no se enseñan, y por tanto, no se transmiten están perdiendo su lugar en la sociedad.
No obstante, no todo iba a ser malo, hay otras humanidades que sí que han florecido, como puede ser la lectura.
Pero tenemos que relanzar, como sea, la historia de las ciencias.

